La comunidad LGTBI de Rumanía, como en otros países del antiguo bloque soviético (entre los que se incluyen los que forman parte de la Unión Europea), padece un elevado rechazo y criminalización fomentado, muchas veces, por la clase política que la (mal) califica de anti natura, vicio y perversión.

A este retrógrado fomento del odio discriminatorio, por parte de las instituciones políticas, se suma un ortodoxo pensamiento que actúa manteniendo y educando a la sociedad en esas ideas fundamentalistas de intolerancia a la diversidad cultural, sexual…

En 1996 se despenalizaron las relaciones homosexuales privadas y no fue hasta 2001 cuando se abolió la antigua ley que imponía penas de cárcel a las conductas y “amaneramientos” en la vía pública, todas de índole gay, trans y lésbica.

Rumanía adoptó en su legislación, aunque su práctica lo incumple, una comisión antidiscriminación especializada, que debería hacer frente a todas las formas discriminatorias, incluyendo, expresamente, la discriminación sexual. Pese a todo ello, la realidad solamente recoge multas y penalizaciones leves. Todas estas modificaciones partieron de la entrada de Rumanía en la Unión Europea, que se vio en la obligación, tras la intervención del Tribunal de Justicia de la propia Unión (TJUE). Situación en la que se encuentra también países como Bulgaria, Letonia, Lituania, Polonia y Eslovaquia, cuyas leyes han favorecido, al menos legislativamente, mejoras en relación a los derechos humanos.

Positivamente, ante las posturas reaccionarias y abiertamente discriminatorias manifestadas por grupos políticos y religiosos, han surgido manifestaciones de lucha activista, condenando y demandando el fin de las violencias homófobas en Rumanía, a la vez que personas y grupos pidiendo la protección de los y las ciudadanas LGTBI y que se cumplan los derechos fundamentales que corresponden a un país de la Unión Europea.

Pese a los esfuerzos de varios años, gais, lesbianas y personas trans de Rumanía (como sucede en otros países del antiguo bloque comunista) se han visto obligadas a pedir asilo político en países externos, con el fin de salvaguardar sus vidas.

Lady Menta