Nombres y experiencias trans en Barcelona

En una sociedad que atribuye ser trans a un proceso de transición social, médico y administrativo, el cambio de nombre y pronombres acaban entendiéndose como obligatorio. Este hecho crea una brecha en nuestras vidas: el antes y el ahora. En el ahora existimos desde la negación total a nuestro pasado y con aspiración a pensar constantemente en el futuro y los cambios que nos llevarán a nuestra supuesta meta: parecer mujeres u hombres cis. En este proceso de ruptura, uno de los ámbitos que vuelve a ser señalado es nuestro nombre y pronombres. ¿Por qué atribuimos género a los nombres? La inmediatez de una sociedad en la que los géneros juegan un papel radical en programar nuestra persona nos ha llevado a necesitar configurar a todo el mundo en un solo vistazo, atribuyendo género a cualquier tipo de relación.

Entender un antes ficticio es complicado. Se atribuye una ficción de supuesta muerte de la persona que «éramos antes» y queda bajo tabú hacer mención a ello. De esta forma, se construye la necesidad de pasar por procesos de transición para poder dar pie a la persona que «realmente somos». A través de los diferentes procesos, pasamos por repensar por cómo entendemos y nos relacionamos nosotres mismes con nuestros nombres y/o pronombres.

Desde Àmbit Dona hemos realizado un cuestionario, Nombres y experiencias trans en Barcelona, a modo de datos orientativos de las vivencias de las personas trans vinculades a nuestros servicios. El total de respuestas han sido 27, estando 21 de elles en un rango de edad entre 18 y 30 años. El género de las personas que han respondido corresponde a personas no binarias (51,9%) y, en segundo lugar, 18,5% a mujeres.

Nombre asignado

El nombre asignado se construye a partir de las atribuciones socioculturales que tu familia hace de ti: desde dónde naces, al sexo que tienes y la construcción imaginaria de cómo serás y quién podrías ser. A partir de esta imagen construida se crean expectativas sexo-genéricas de cómo serás: una persona robusta e inteligente u obediente y dócil. Si bien estas connotaciones juegan un papel esencial en nuestras vidas, las relaciones que establecemos con nosotres mismes, con otras personas y con dichas atribuciones condicionan cómo nos entendemos y cómo lo haremos en un futuro. Así, vamos construyendo nuestro género a lo largo del tiempo. El nombre que nos dieron nuestras familias a partir de la idea que se formaron nos indica que aquellas maneras de entendernos nos fueron dadas por figuras de autoridad y, por lo tanto, se supone deben permanecer en el tiempo: «Si te llamas X, te llamarás así toda la vida». En este proceso se nos es negada nuestra capacidad de poder y decisión pues parece que a nadie parece importar si el nombre que se nos es dado nos gusta y si estamos cómodes con las atribuciones de género que este conlleva.

Al nombre asignado lo nombramos desde las militancias trans como necrónimo o deadname. Las compañeras de Rebelión Feminista (Rebelión Feminista, 2020) se hacen eco del uso general que se le da: «Necrónimo, o expresado deadname en inglés, significa literalmente nombre muerto y se usa actualmente para designar el nombre que se le asignó al nacer a una persona trans» (2020).

La relación con nuestros necrónimos es, de forma general, negativa. Un 44,4% de las personas que respondieron nuestra encuesta han cambiado sus necrónimos y, el 33,3% está en proceso de cambiarlo. Eso supone, en total, que un 77,8% de les encuestades mantenía o mantiene un deseo por cambiar el nombre asignado. El motivo principal que lleva al cambio de nombre entre nuestres compañeres es el rechazo por el necrónimo y, con ello, la necesidad de encontrar un nombre que represente y se vincule con su género.

El uso, no consentido ni deseado, del necrónimo es considerado una forma de violencia transfóbica. Justamente atribuimos esta consideración por las asignaciones de género que tienen los nombres: masculinos, femeninos o neutros. Utilizarlo contra las personas trans supone invalidar nuestros deseos y quiénes somos, demostrando la falta de voluntad porque estemos bien. De la misma forma, utilizarlo en contextos públicos puede provocar sacar a la luz que una persona es trans cuando no era el momento decidido. Las personas que respondieron nuestra encuesta no se presentan de la misma forma con todo el mundo, aludiendo a la necesidad de construir espacios seguros y con confianza y, en otros casos, con relación al anterior son los motivos de seguridad.

Aun así, muches de nosotres somos conscientes de cuál es nuestro entorno y las dificultades que algunas personas pueden tener para adaptarse a ciertos cambios. Aunque esto no quita la responsabilidad del hecho, sí nos permite conciliar procesos que son dolorosos a través de la comprensión mutua.

Así pues, las personas trans*, sobre todo las mujeres, experimentan una mayor presión en relación con sus corporalidades, pudiendo sufrir mayor rechazo por parte de posibles parejas sexuales. Esta violencia casi imperceptible para las demás personas puede dejar una importante huella en la autoestima de las personas trans*, dado que pueden sentirse no ser sujetos deseables para otras personas ni tampoco merecedoras de afecto (FELGTB, pág. 47).

De hecho, algunas de las respuestas a cómo se sienten les compañeres si alguna persona utiliza su nombre asignado (necrónimo) recoge sentimientos como: “[…] me sentiría fatal”; “en caso de q lo hicieran, me sentiría que no valgo y no importo a los demás. y si, depende de quien los use”; “no lo soporto, se me hace super raro y me pongo nervioso”.

Es importante mencionar, también, la realidad de las personas trans migrantes de nuestro país y, en general, de Europa. Transgender Europe (TGEU) publica un artículo en 2017 titulado El círculo vicioso de la violencia. Trabajadorxs sexuales trans: en la intersección de la opresión, criminalización y violencia de género. En él se dice que uno de los principales motivos para ejercer el trabajo sexual se encuentra en la imposibilidad de un cambio de nombre/género para personas migrantes. En España, la ley que regula la relación del Estado con las personas de otros países es la Ley de Extranjería.

Para muchxs trabajadorxs sexuales, elegir el trabajo sexual es un reflejo de las limitadas opciones de sustento y limitados recursos económicos. Por ejemplo, podría ser una de pocas opciones laborales disponibles para migrantes irregulares escapando de la pobreza y transfobia en sus países de origen, a quienes luego se les niega el acceso a empleos legales y, por lo tanto, dependen de actividades económicas informales en el país de destino en sus rutas migratorias. Otrxs individuxs podrían buscar el trabajo sexual como una forma de satisfacción de necesidades inmediatas debido a la pobreza, falta de abrigo e inseguridad alimentaria para así poder sobrevivir. Muchxs son sistemáticamente excluídxs de la economía formal, ya que sus documentos de identificación no reflejan su género, identidad de género y/o expresión de género, y enfrentan ambientes hostiles y transfóbicos en sus lugares de trabajo (Federko & Berredo, 2017, pág. 7).

Cabe decir que las violencias cotidianas referidas al uso de nuestro necronombre o un género que no es el nuestro, no suelen ser contabilizadas, sobre todo también por responsabilidad de un sistema administrativo y policial que no conoce ni sabe tratar a personas trans.

Nombre

Los procesos de cambio administrativo del nombre dependen del lugar dónde nos encontremos y quiénes seamos. El acceso a estos cambios siendo una persona migrada sin papeles es prácticamente imposible, tal y como mencionábamos anteriormente. Los problemas con los que se encuentran estas personas combinan lo trans con el proceso de no ser blanca, creando violencias específicas.

Prestar atención a las experiencias de otras personas nos ha ayudado a entender que nuestras identidades fluctúan a través del tiempo y, con ellas, también pueden hacerlo nuestros nombres. Las personas trans jugamos un papel enorme de denuncia en este proceso: tratamos de recuperar el poder sobre nuestros cuerpos e identidades. La legislación entorpece nuestra voluntad de estar bien con largos procedimientos burocráticos, así como la falta de una regulación de los pasos a seguir. Por ello mismo, es necesaria una ley trans estatal, amparando todo el territorio del estado español.

La importancia de esta denuncia cae en que las personas que la reciban presten atención al camino y no a la meta: ¿por qué se producen estos cambios? ¿Qué significan estos cambios? ¿Cómo impactarán en el futuro? ¿Quién ampara nuestros derechos? ¿Cómo lo hace?

Este artículo es una reflexión a partir de las respuestas conseguidas en el cuestionario Nombres y experiencias trans en Barcelona por Àmbit Dona, Fundació Àmbit Prevenció.

Bibliografía

Rebelión Feminista (2020). Necrónimo. Consulta 29/09/2021 en https://rebelionfeminista.org/2020/08/21/necronimo/

Fedorko, B. & Berredo, L. (2017). El círculo vicioso de la violencia. Trabajadorxs sexuales trans: en la intersección de la opresión, criminalización y violencia de género. TvT, 17, pp. 1-24.

FELGTB (2021). Experiencia de las mujeres trans en su proceso de transición médica Investigación sobre la realidad de las mujeres trans en su proceso de transición médica y la visión de las personas expertas [online]. Consulta: 13/10/2021 en https://felgtb.org/que-hacemos/investigacion/