En la antigua Rusia, a principios del siglo XX, fue mucho más tolerada la comunidad homosexual que abarca lo que hoy es la comunidad LGTBI. En la primavera de 1917 fue declarada y despenalizada la homosexualidad por los ilustres demócratas de la época dando un gran respiro a los homosexuales rusos. Desgraciadamente la magia duró hasta 1934 cuando los bolcheviques tomaron el poder endureciendo penas bajo los métodos de Stalin, claramente comunistas, catalogando tal práctica o sentimiento como un vicio atrozmente burgués incluyéndolo en el código penal soviético como un agravante dentro de la conducta moral de los ciudadanos llevando pena de cárcel, exilios, trabajos forzados y campos de concentración.

En esa época peyorativamente se le llamó sodomía escandalosa, considerando la homosexualidad un vicio impune y exclusivamente del fascismo. Un psiquiatra muy renombrado y con ascendencia judeoaustriaca que brindó servicios para la KGB, Wilhelm Reich, incluyó en los códigos penales y procesales soviéticos, donde fue avalado con gran aprobación la teoría que la homosexualidad fue la culpable de darle el triunfo al nacismo. [1]

En la Rusia actual del siglo XXI nada ha cambiado, solamente de siglo. La perpetuidad continúa, los abusos se consuman y la nulidad personal es perpetua. La comunidad LGTBI sobrevive por dignidad solamente y no tienen un ápice de indulgencia ni consideración desde cualquier punto de vista de los derechos humanos. El líder político Vladimir Putin, religioso y catalogado como el mayor ejemplo del macho ruso, donde estableció como principal precepto “la fe en dios intrínseca” considerando las costumbres gays antinatura donde el valor central en leyes y costumbres, es Dios. Firmando convenios, decretos y leyes, clausurando al 100% todos los derechos humanos de interacción con la sociedad de dicha población.

La comunidad gay, lesbianas, transexual y bisexual, se ha visto tan vapuleada que muchos han emigrado por salvar sus vidas en condición de asilados por condición sexual a Europa y Norteamérica. Las luchas de la comunidad son arduas, sus líderes son constantemente violentados sin sus garantías personales y ciudadanas y las manifestaciones de orgullo gay terminan en sangre y aprensiones corporales privándolos de libertad, victimas constantemente de amenazas, incendiadas las sedes de reuniones, bares de encuentros e infinidad de hogares han sido linchados con sus personas dentro simplemente por identificar que vive un gay, lesbianas, bisexuales o una trans. Las agresiones físicas y los crímenes de odio están a la orden del día en la república de Rusia pasando impunes ante las autoridades de la nación, fomentando con ello el odio de la población civil a este grupo de la sociedad.

Algún día el sol de la libertad saldrá para Rusia y los derechos humanos serán respetados a plena luz y toda la sangre derramada será revindicada con la libertad que gozarán generaciones venideras.


[1] https://www.libertaddigital.com/opinion/historia/la-homosexualidad-en-la-urss-1276238125.html

Lady Menta