La transexualidad en Polonia está criminalizada por ciertos grupos sociales y normalizada por políticos que apoyan la discriminación a pesar de estar en el espacio Schengen.

Polonia está dividida en partes desiguales, el sureste la sociedad civil la consideran libre de homosexualidad, considerándose a la población LGTBIQ+ inmoral y un atentado contra los principios básicos de la familia, siendo un bastón de apoyo el sector ultracatólico con sus líderes religiosos de la iglesia católica. Estas son especialmente zonas agrícolas que aportan poder económico al país, donde el ejecutivo hace oídos sordos a tal barbaridad. Bélgica ha tomado cartas en el asunto con amonestaciones al gobierno central y el retiro de ayudas y subvenciones económicas a las regiones que han incentivado esta política.

Anna Grodzka saltó a la palestra en el año 2011 convirtiéndose en la primera mujer transexual diputada de Europa, rompiendo mitos y tabúes y demostrando que una mujer transexual también tiene la capacidad implícita de poder colaborar en la legislación de su país. A pesar de ser un país ultracatólico y ultraconservador existen mujeres como estos baluartes que hacen historia para nunca borrarse.

Las connotaciones neonazis se han manifestado en diversas localidades polacas: quemas de bandera, agresiones a colectivos y casas de líderes que temen por sus vidas. Todo este entramado, orquestado por los grupos antiLGTBIQ+ tarde o temprano terminarán creando guetos, zonas rojas y zonas libres de personas, ciudadanos del mundo LGTBIQ+. Europa por lo visto, no aprendió del odio sufrido en la segunda guerra mundial, donde murieron millones de personas por sus condiciones étnicas, religiosas y sexuales; irónico. Polonia fue el país más flagelado y el primero en ser atacado y destruido por odio el 30 de septiembre de 1939. Se le olvidó la historia.